¿Cuál es la edad para entrar al jardín infantil? Guía por grados en Colombia
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22 de octubre de 2026 · 6 min de lecturaPrimeros años
Las lágrimas en la puerta son parte del camino. Lo que hacemos los papás antes, durante y después de la despedida ayuda a que esas primeras semanas sean más serenas.

Pocas escenas se quedan tan grabadas en el corazón de un papá o una mamá como esta: tu hijo agarrado de tu pierna en la puerta del salón, la profesora que se agacha y le abre los brazos, y tú sin saber si quedarte un minuto más o irte. La adaptación al jardín es, muchas veces, la primera separación de verdad. Es normal que duela un poco. Y también es normal que, bien acompañada, en unas semanas esa misma puerta se vuelva parte de una rutina feliz.
Compartimos aquí lo que hemos aprendido en tantos primeros días: qué es el periodo de adaptación, cuánto puede durar, qué ayuda antes y durante la despedida, y en qué casos conviene consultar.
Es el tiempo que necesita un niño para sentirse seguro en un lugar nuevo, con adultos y niños que todavía no conoce, lejos de las personas que le dan seguridad. No es un trámite del primer día: es un proceso, y cada niño lo vive a su manera.
En esas semanas tu hijo aprende algo muy hondo: que papá y mamá se van, pero siempre vuelven, y que en ese lugar hay alguien que lo cuida y lo llama por su nombre. Es la misma confianza que, más adelante, le permitirá abrirse al mundo.
No hay un plazo fijo. Para algunos niños son unos días y para otros unas semanas. Influyen su edad, su temperamento, si ya había pasado ratos con otros cuidadores y, sobre todo, cómo es la entrada: no es lo mismo pasar de golpe a una jornada completa que empezar por horas.
También es común que un niño que entró feliz llore a la segunda semana, cuando entiende que el jardín no es un paseo de un día. No es un retroceso: es parte del camino.
A los 2 años, separarse de papá o mamá cuesta, y es esperable. A esa edad los niños tienen todavía pocas palabras para decir lo que sienten, así que lo expresan con el cuerpo: lloran, se aferran, piden brazos o se despiertan más en la noche. Y leen muy bien la emoción de los adultos: si tú llegas sereno, eso le ayuda.
Por eso, a esta edad funciona tan bien la entrada gradual: empezar con una hora, quedarse un poco más cada semana y llegar a la jornada completa cuando el niño esté listo.

La despedida es el momento más delicado del día, y también el que más enseña. Estas ideas ayudan:
Hay frases que dan seguridad: «Aquí te van a cuidar», «Vengo por ti después del almuerzo», «Te quiero, nos vemos ahorita». Y otras que conviene evitar, aunque salgan del cariño: «Si lloras me pongo triste» o «No llores, que ya estás grande».
Llorar en la despedida es parte del proceso. Conviene hablar con la profesora y con el pediatra si, después de varias semanas, tu hijo deja de comer o de dormir bien, pierde de forma sostenida algo que ya había logrado, se ve apagado también en la casa o el llanto no disminuye nada con el tiempo.
Si te preguntas si tu hijo ya tiene edad para empezar, lee ¿Cuál es la edad para entrar al jardín infantil?
Cada mañana que lo dejas y cada tarde que vuelves por él, tu hijo aprende que el amor de su familia no se va aunque no la vea. Esa certeza, sembrada en los primeros años, es la raíz de la confianza con la que un día caminará solo. Vale la pena acompañarla con paciencia, una despedida a la vez.
No hay un plazo fijo. Para algunos niños son unos días y para otros unas semanas. Influyen la edad, el temperamento, si ya se había separado antes de sus papás y cómo es la entrada en el jardín.
En las primeras semanas, sí. Muchos niños lloran en la despedida y se calman pocos minutos después. Pregúntale a la profesora cómo pasa el resto del día: eso dice más que las lágrimas de la puerta.
Despedirte. Irte a escondidas puede parecer más fácil, pero el niño descubre que te fuiste sin avisar y al día siguiente se aferra más. Una despedida corta, cariñosa y siempre igual le da seguridad.
A los 2 años es normal que separarse de papá o mamá cueste, y todavía no tienen muchas palabras para decir lo que sienten. Ayuda empezar por pocas horas, llevar un objeto de casa y que lo reciba siempre la misma persona.
En el Gimnasio Santamaría de la Sabana, sí: caminadores y párvulos pueden empezar con una hora al día, pasar a media jornada y luego a la jornada completa, al ritmo de cada familia.
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